domingo, 19 de mayo de 2013

LO PEQUEÑO Y LO BREVE

El cielo es azul, la tierra blanca
"He recorrido un largo camino,
el frío penetra mi ropa gastada.
Esta tarde el cielo está despejado,
¡cómo me duele el corazón!"
Sheihaku Irako


De la importancia de lo mínimo en la felicidad personal trata el libro de Hiromi Kawakami, El maletín del maestro (Sensei no kaban), traducido en la edición de Acantilado (2009) como El cielo es azul, la tierra blanca. Es esta su primera presentación en español, aunque Kawakami debutó en el 94 con su novela Kamisama, y es una autora muy leída y reconocida en su país con importantes premios, como el  Akutagawa del 96 por Hebi wo fumu o el Tanizaki 2001 por la novela que ahora comento. El éxito literario de la historia dio paso a la versión cinematográfica realizada por Kuze Mitsuhiko en el 2003 y al manga de Jiro Taniguchi que editó Futabasha en 2009.

Tsusiko es una mujer cercana a la cuarentena que lleva una vida solitaria y sin alicientes y que un día tiene un encuentro casual en una izakaya (taberna) con su antiguo profesor de japonés. El maestro, como ella conviene en llamarle siempre, es un jubilado de porte enérgico y aire didáctico que acarrea siempre su simbólico maletín de profesor. Comienza entonces entre ellos un sutil juego de cercanías y alejamientos marcados por el azar, un itinerario hacia la intimidad de la que ninguno podrá al fin prescindir.

“No sólo nos gustaban los mismos aperitivos, sino que también estábamos de acuerdo en la distancia que las personas deben mantener. Nos separaban unos treinta años, pero con él me sentía más a gusto que con algunos amigos de mi edad”, confiesa Tsukiko al recordar el comienzo de la relación. Son las pequeñas cosas compartidas con el maestro –el sabor del tofu hervido, su manera de servir el té, el color de vino, la serenidad de un cielo estrellado o el canto de los pájaros en el jardín– las que irán convenciendo a la mujer de la existencia subterránea y desconocida de la felicidad.

Las diferencias de edad y formación, y la huraña coraza que ambos han construido para preservar su soledad, irán disolviéndose lentamente ante la necesidad de estar con el otro. Con el maestro conoce Tsusiko la belleza de la caligrafía y de la poesía antiguas, el ceremonioso placer de la comida, el significado del karma, el color de un mercado callejero o la multiplicidad de la vida en el bosque. 

“Si el amor es pequeño, deja que se marchite hasta que muera”. Tsusiko pone a prueba el consejo de su tía-abuela e intenta en distintos momentos el alejamiento de una relación en la que teme una distancia insalvable. Pero ni las citas con su excompañero de instituto, Takashi, ni el apartamiento de los lugares que frecuenta con el viejo profesor, son suficientes para apagar la nostalgia de su voz y el calor de su compañía. Por su parte, el maestro dejará marchar al fantasma de su mujer –a la que nunca comprendió y que acabó abandonándole– y sustituirá sus gastados recuerdos (rotulados en las pilas oxidadas que colecciona) por el regalo tardío y sorprendente que le ofrece la vida.

Con tenues pinceladas construye Kawakami esta  historia  que nos invita a disfrutar de los pequeños placeres del presente. Porque de ellos se alimenta únicamente nuestra felicidad, en un tiempo siempre breve.

Kawakami, Hiromi, El cielo es azul, la tierra blanca. Barcelona: Acantilado, 2009. Traducción de Marina Bornas Montaña. 

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