martes, 27 de agosto de 2013

EL SOMBRÍO GABINETE KUBIN

Alfred Kubin
"La fantasía es el destino."
A. Kubin


El  título “Demonios y fantasmas de la noche” que  acompaña a su Autobiografía, ilustra a la perfección el mundo tenebroso y visionario del escritor y pintor del expresionismo austriaco Alfred Kubin.

Más cercana a la Autobiografía psíquica de su compatriota, el narrador y filósofo Herman Broch, que a las memorias del mismo título –Mi vida– de Kokoschka y  Chagall, Kubin hace en esta obra un retrato minucioso de su evolución artística y de las crisis psicológicas y existenciales que sacudieron toda su trayectoria.

Los recuerdos de una infancia de castigos y soledad, la muerte de su madre, el odio al colegio, la severidad del padre cuyo reconocimiento no obtendrá hasta la edad adulta, dibujan un panorama amenazador para una personalidad tan acusadamente sensible como la del joven Kubin.

Ya en sus primeros años descubre el poder liberador del dibujo y empieza a dar salida a sus turbadores universos: “Siempre sentí una extraña inclinación hacia lo fantástico y lo desmesurado: a mí me fascinaba la vaca de cuatro cuernos, más que la de dos”. Y refiere aquí el goce ante la contemplación de la naturaleza desbordada y las escenas violentas o su curiosidad por los cadáveres. Tras su paso por la Escuela de Artes Decorativas de Salzburgo pasó unos años de aprendizaje en el taller de fotografía de un pariente. La vida desordenada en las tabernas de Klagenfurt y la falta de expectativas profesionales le conducen a un intento de suicido ante la tumba de su madre, al que seguirán un corto período en el ejército y una grave crisis nerviosa.

Es en Munich, en el que se instala en la primavera de 1898, donde redescubre el arte de los maestros antiguos, al tiempo que empieza a intimar con los jóvenes artistas del círculo “Sturmfackel”, con los que se reunía en las mesas del café Élite. El estudio de las obras de Klinger, Goya, Groux, Munch, Redon, Ensor, le sumirán en este periodo en una especie de embriaguez creativa, de la que saldrán sus primeras exposiciones, por las que ya cosecha algunas críticas muy favorables. Aunque también comenta el rechazo que en algunos de sus espectadores generó su particular “Gabinete de los horrores”.

En Viena quedó deslumbrado por la obra de Brueghel el Viejo, y en un viaje a París realizado con su esposa visita a su admirado Odilon Redon y estudia la obra de los maestros del color que más le interesaban: Corot, Díaz, Daubigny y el arte delicado de Rousseau, si bien se rebeló abiertamente contra el naturalismo de los impresionistas.


Power, ilustración de Alfred Kubin
Power, ilustración de Alfred Kubin
Frecuentó la amistad de Franz Marc, Paul Klee y otros pintores de El Jinete Azul, a quienes se une en 1912, e irá desarrollando el grotesco e inquietante universo que le valió la referencia admirativa de Kandinsky en su De lo espiritual en el arte.

Junto a su interés por la filosofía –Kant, Schopenhauer, Nietzche–, encuentra en la literatura un modo paralelo de expresión, y en apenas doce semanas termina la novela Die andere Seite (La otra parte), editada en Munich en 1909, que acompañó de sus propias ilustraciones. La obra gozó de una enorme popularidad y le permitió una estabilidad económica que serviría para afianzar su carrera como pintor, grabador e ilustrador. Herman Hesse la elogió como una obra maestra de la literatura fantástica en alemán. El siniestro "Reino de los sueños" en el que se desarrolla la historia, se inscribe en la tradición de los universos de Poe y E.T.A. Hoffmann y prefigura la atmósfera opresiva de El Castillo de Kafka.

Desde entonces Kubin siguió publicando ensayos de crítica de arte y numerosos relatos, que bajo el título de El Gabinete de curiosidades y junto a la Autobiografía que ahora comentamos, publicó en español la editorial Maldoror en el 2004.

Los cuentos, con espléndidas ilustraciones del propio Kubin, transitan por la fantasía orientalista –Rito de paso, El sultán fatigado–, el terror espectral –La caza del vampiro, El grito que venía de las tinieblas– o el tono satírico –Dos inglesas–. En La bruja del Moos, mi favorito entre todos, dibuja en clave de leyenda la historia de una mujer que paga el precio de su diferencia eligiendo el camino de la soledad y la exclusión social.

Kubin ilustró además la obra literaria de Poe, Voltaire, Andersen, Hoffmann, Dostoievski, Nerval, Kafka, Barbey d’Aureville o Strindberg, entre otros muchos, mientras proseguía una inagotable labor como pintor y dibujante. A destacar sus magníficas carpetas: el ciclo La danza de la muerte (1915-1916), las litografías de El mundo onírico (1922), las ilustraciones a color para La Biblia (1924) o las monotipias de Orbis pictus (1930).

Pasó la última parte de su vida retirado en su residencia de Zwickledt y pudo disfrutar al fin  del reconocimiento de colegas e instituciones. Pero sus experiencias en el límite de la realidad siempre le harían dudar de esa ilusoria convención:

 “Cuando dejamos nuestro mundo interior  y miramos la realidad, nos damos cuenta de que lo que nos amenaza sigue ahí, sobre nosotros, como constelaciones irremediablemente poco favorables”.

El sombrío firmamento de sus imágenes inspiró el cine de Murnau y la obra de Dalí y otros muchos surrealistas. Su singular universo literario sigue aún estremeciéndonos.

Kubin, Alfred, El gabinete de curiosidades. Autobiografía. Vigo: Maldoror, 2004. Traducción de Jorge Segovia y Violetta Beck. 

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