El largo y controvertido maridaje entre literatura y cine se remonta prácticamente al momento de la aparición de este último. En efecto, en 1896, un año después de la presentación del invento de los hermanos Lumière, se produce la primera adaptación cinematográfica de una obra literaria, el Fausto de Goethe. También Griffith, uno de los padres fundacionales de la cinematografía moderna, decía considerarse un aprendiz de Dickens, con lo que probablemente quería subrayar su consideración del relato cinematográfico como heredero o prolongador de la novela decimonónica. El cine, considerado inicialmente un entretenimiento banal para las clases bajas, irá sistematizando un lenguaje propio que lo convertirá en eficaz artefacto para contar historias cada vez más complejas y dirigidas a un público cada vez más amplio.
También en sus inicios puede hablarse de una relación muy estrecha y fructífera entre cine y poesía. Las vanguardias saludan el nuevo arte cual linterna mágica que alumbra la indagación de poetas, cineastas, fotógrafos y pintores, a la búsqueda de un arte total e integrador. Con el tiempo, sin embargo, la producción mayoritaria discurrirá por las sendas de un cine narrativo, reservándose la explícita rúbrica de "cine poético" para realizaciones de marcado carácter marginal o experimental.
Dice Gutiérrez Aragón que el cine viene a considerar a las otras artes como grandes almacenes en los que surtirse: la novela, la poesía, el teatro, la pintura, la arquitectura, el circo… Buena prueba de ello es la obra cinematográfica de Peter Greenaway. Pero la relación también funciona perfectamente en el sentido inverso, de modo que no es posible hoy emprender un análisis serio de cualquier manifestación del arte contemporáneo que no tenga en cuenta esta perspectiva intertextual. No sería –por ejemplo– entendible sin el cine la obra de escritores como Cabrera Infante, Manuel Puig, Antonio Muñoz Molina, Vicente Molina Foix, Juan Marsé o Terenci Moix.
Sigue siendo, sin embargo, muy común la tendencia de lectores y espectadores a considerar la literatura como fuente prestigiosa y las adaptaciones cinematográficas como una degradación o empobrecimiento de esta. Ya Virginia Woolf en un escrito de 1926 reflexiona sobre la forma en que el cine “vampiriza” los argumentos literarios con resultados desastrosos, y ejemplifica sus tesis con la adaptación de la novela de Tolstoi, Anna Karenina.
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Greta Garbo en Anna Karenina |
En definitiva, a lo que apuntan las consideraciones de Woolf es al viejo debate acerca de la fidelidad al original. La instauración de jerarquías y rivalidades entre cine y literatura ha lastrado durante mucho tiempo los estudios de orden comparatista, más inclinados–como señala Peña-Ardid– a la búsqueda de límites expresivos que a la indagación de sus vasos comunicantes.
Más interés
revisten los enfoques en la consideración de los fenómenos de la
adaptación que reconocen la independencia de la obra fílmica resultante
respecto del texto de partida, y que suponen en este sentido la superación del
viejo debate expresado en los términos moralistas de infidelidad, traición o
subversión. La adaptación vendría a ser –en palabras de Lotman– una
“transcodificación”, esto es, una recodificación comunicativa, en la que se
llega al resultado a partir de unos códigos y sistemas que le son propios.
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Fotograma de Don Quijote, Orson Welles |
Como señala L. Zavala, la consecuencia de este giro semiótico pasa por reconocer el lenguaje cinematográfico conformado a partir de cinco códigos simultáneos: la imagen (heredera de la pintura, la fotografía y los medios digitales), el sonido (ligado a la música), la puesta en escena (derivada de la tradición teatral), la narrativa (narratología literaria), y el montaje, que es el más específicamente cinematográfico.
En definitiva, la
adaptación cinematográfica sería más bien una reescritura, obra de un autor
fílmico –se trata además de una autoría “grupal”– que utiliza unos códigos
diferentes de semiotización respecto a la fuente, y que –como la obra
literaria– se completa y multiplica en las lecturas diversas de sus
espectadores.
De esta forma, Marsé puntualiza que una buena adaptación no puede enjuiciarse sino “por su acierto en la creación de un mundo propio, específico y autosuficiente, con sus propias leyes narrativas”. Vale decir, por contar su propia historia. Quizás por esto revista más interés el singular –aunque incompleto– Quijote de Orson Welles que la lectura acabada y fiel al texto cervantino realizada por Rafael Gil.
Por eso Lorenzo Silva, que cuenta –como Marsé– con numerosas adaptaciones cinematográficas de sus obras, dice que prefiere hablar más que de fidelidad, de lealtad; no tiene sentido que el realizador se erija en guardián de las esencias de una historia.
Como para cualquier buen viajero, el consejo sería más bien ser capaz
de transitar con libertad entre los hallazgos de ambos territorios y disfrutar
cruzando aquellos puentes que nos salgan al encuentro.
FUENTES:
BORJA OROZCO, M.
(2012). Encuentro sistémico y estudios del lenguaje. Esfera (2). 15-20
GUTIÉRREZ ARAGÓN,
M. (2009). Películas imposibles.
Ediciones Ocho y Medio
MARSÉ, J. (12 de
noviembre de 1994). La literatura en la gran pantalla: El paladar exquisito de
la cabra, El País
PEÑA-ARDID,
Carmen (1992). Literatura y cine. Cátedra
PÉREZ-BOWIE, J.A.
(2004). La adaptación cinematográfica a la luz de algunas aportaciones teóricas
recientes. Signa: Revista de la Asociación
Española de Semiótica (13). 277-300
Universitat Jaume
I. (25/07/2014). Lorenzo Silva en ¿Por
sus hechos los conoceréis? Del diálogo como retrato del personaje y el
accidentado viaje del papel a la pantalla. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=P8DVhluTM8w
WOOLF, V. (1926).
‘The Cinema’. The Captain’s Death Bed and other Essays. The Hogarth Press, 1950. 166-171
ZAVALA, L.
(2010). Cine y literatura. Puentes, analogías y extrapolaciones. Razón y Palabra (71)
Leer más:
Adaptaciones de literatura española en el cine español. Portal de la Biblioteca Virtual Miguel
de Cervantes.
Español en red 7-0.E-bibliografía sobre la narrativa española y el cine. UMA. Recopilación del profesor Rafael Malpartida Tirado.
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