lunes, 23 de diciembre de 2013

LA CASA HECHA DE ALBA

N. Scott Momaday

“Dypaloh. Érase una casa hecha de alba. Hecha de polen y lluvia, en una tierra vieja y eterna. Había colinas multicolores y la llanura brillaba con arcillas y arenas de diferentes colores. Caballos rojos, azules y moteados pastaban en la llanura y había un oscuro desierto más allá de las montañas. Tierra tranquila y fuerte. Todo era bello alrededor”.

Con estas poderosas palabras comienza La casa hecha de alba, publicada inicialmente en 1968 y presentada  por primera vez en España  por la editorial Appaloosa. Su autor, N. Scott Momaday, es un poeta, novelista y pintor, de padre kiowa y madre cherokee, que conoció en su infancia, en diferentes reservas indias, las tradiciones y el duro destino de los pueblos nativos del suroeste americano.

Como el propio autor declara, en pueblo Jemez (Nuevo México) pudo ver a muchos indios veteranos de la Segunda Guerra Mundial: “Venían heridos de diferentes maneras, quizás más severamente en su inteligencia y cultura que físicamente heridos”, dice. A partir de las vivencias de estos hombres construyó el personaje de Abel, el protagonista de La casa hecha de alba, un joven indio que regresa de la guerra a su hogar en Walatowa, en el cañón de San Diego, para naufragar entre dos mundos a ninguno de los cuales siente ya  pertenecer.

Su peripecia transcurre entre la inmensidad de las tierras abandonadas por sus antepasados y la soledad urbana de Los Ángeles. El mundo de su abuelo Francisco, el de sus ancestros, es un universo de realidades esenciales: el águila, el sol, las ceremonias del peyote, que tejen una naturaleza viva y omnipresente. Las palabras de los hombres  no eran entonces moneda de cambio, sino poderosos talismanes que proveían la curación y el trato con los dioses. Pero Abel vive en el silencio. Es un hombre inarticulado, incapaz de pronunciar las palabras heredadas y aturdido por un discurso blanco que no entiende y del que es incapaz de defenderse. 

Sus intentos de conexión –con la solitaria esposa de un médico, la asistente social de un programa de integración, el amigable compañero de trabajo en la fábrica– no lograrán salvarlo de un profundo sentimiento de destierro y de las heridas de una vida marginal. Tras honrar el cadáver de su abuelo, Abel recomienza el círculo de su vida en una carrera ritual contra su destino, y encuentra entonces el alfabeto primordial en las alas de una vieja canción: "casa hecha de polen, casa hecha de alba…" Parece haber aprendido la lección de entereza de sus antecesores: “Asumieron nombres y gestos de sus enemigos, pero conservaron sus propias almas secretas, demostrando una resistencia y una superioridad capaces de vencer la espera”.

La potencia poética del lenguaje de Momaday, y su autenticidad a la hora de transmitir la realidad de los nativos americanos de esa generación y de la sociedad multicultural de la época, le valieron el Premio Pulitzer del 69, la traducción a numerosos idiomas y el reconocimiento internacional. La novela fue llevada al cine en 1972 por Richardson Morse y en la actualidad se considera un documento imprescindible dentro del  denominado Cine Indígena. La cinta, en cuyo guión colaboró Momaday, se aparta de las producciones hollywoodienses del momento como Soldier blue o A man called Horse, más interesadas en la  indagación de la violencia. Aunque cambiando el escenario de la Segunda Guerra Mundial por el de la Guerra del Vietnam, Morse recoge la esencialidad del mensaje de Momaday y su intento de restaurar la voz de aquellos a los que la historia de sus conquistadores ha sumido en el silencio.

N. Scott Momaday sigue viviendo en Nuevo México y en la actualidad combina la docencia en varias universidades con la actividad creativa. Entre numerosos galardones ha recibido por su obra literaria y pictórica el nombramiento de Artista para la Paz otorgado por la Unesco (2004). Su personal visión, heredera de una tradición de respeto y deleite por el mundo natural incluye –en sus palabras– “la percepción no solo de los objetos y las formas, sino también de las esencias y los ideales”. Esta es la hermosa casa de palabras que para ellas construye.


Momaday, N. Scout, La casa hecha de alba (1968).Traducción de Amelia Salinero. Alicante: Appaloosa Editorial, 2011. 

5 comentarios:

  1. Hola, muy buena y completa tu reseña. No conozco al autor pero me apuntó a leerle.
    Te invito a que te pases por mi blog y si te gusta te quedes.

    Un beso y saludos desde Panamá ;)

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    1. Gracias, Jennifer. Me alegro de que mi texto te haya animado a leer a Momaday. Gracias también por la invitación. Leeré con gusto tu blog. Un beso y feliz 2014.

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  2. Magnífica reseña, muy acertada y detallada. Nos ha encantado.
    Muchas gracias, la compartimos en nuestras redes. Feliz año 2014 y felices lecturas. Appaloosa Editorial.

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  3. Gracias a vosotros por dar a conocer esta obra y por vuestro cuidado catálago. Feliz año y felices publicaciones. Un saludo

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  4. Muchas gracias Amparo. Igualmente feliz año y felices lecturas. Un abrazo.

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