sábado, 16 de marzo de 2013

EL INGENIO POÉTICO DE QUENEAU

"¿Y qué es un autor oulipiano? Es una rata que construye ella misma
el laberinto del cual se propone salir. ¿Un laberinto de qué? De
palabras, sonidos, frases, párrafos, capítulos, bibliotecas, prosa, poesía
y todo eso."
Marcel Benabou y Jacques Roubaud

Raymond Queneau

El 24 de noviembre de 1960 el matemático y ajedrecista François Le Lionnais y el escritor Raymond Queneau, junto a una decena de amigos escritores, matemáticos y pintores, fundaron en las salas del restaurante Le Vraie Gascon de París el Oubroir de Littérature Potentielle (Oulipo), en realidad una refundación del anterior Seminario de Literatura Experimental (Selitex).

Enraizado en el  Colegio de Patafísica, "Sociedad de Investigaciones Eruditas e Inútiles", –del que Quenau presidía la Subcomisión de Epifanías e Itifanías– el Oulipo o Taller de literatura potencial, se configura como un laboratorio de la palabra con la meta de “suministrar a los futuros escritores técnicas nuevas que puedan abolir la inspiración de su afectividad”. Utilizando las fórmulas de la coerción, la traslación  y la permutación, se pretende aplicar el orden matemático al literario para configurar una obra rigurosa, pero caracterizada por las acrobacias del humor, la inteligencia y la imaginación.

El Oulipo no hará sino incidir en una vía de experimentación lingüística y de estilo que tiene sus ilustres antecedentes en autores de la Antigüedad clásica como Néstor de Laranda o en los juegos basados en palíndromes, lipogramas y emblemas de las academias literarias del Barroco. Ya los propios oulipianos destacarán la inspiración que para sus creaciones supusieron los llamados "plagiarios por anticipación", tales como Raymond Roussell, Rabelais o Jean Pierre Brisset.

Buena muestra de las técnicas oulipianas son las obras de Georges Perec La disparition (1969), una extensa novela de intriga en la que no aparece ni una sola vez la letra “e”, o su reverso, Les revenentes (1972), en la que solo usa esta vocal. La concepción de la literatura como artefacto lúdico y multiplicador está también presente en las obras de  Italo Calvino –otro componente del Taller–, tales como El castillo de los destinos cruzados (1973), basada en la combinatoria de los arcanos del tarot, y Si una noche de invierno un viajero (1979), en la que cada capítulo marca el comienzo de una nueva novela siempre interrumpida.

Por su parte, el incansable poeta y narrador que fue Queneau ya había practicado desde sus comienzos esta vía de investigación en las nuevas formulaciones literarias. Primero, con su adscripción a las filas del surrealismo –fue colaborador en la revista La Révolution Surréaliste–, movimiento del que se apartará por sus desavenencias con Breton y su rechazo de la sujeción del acto creativo a las leyes del azar y el automatismo. A través también de su obra poética: véanse como ejemplos los poemas “Lámparas agotadas” y “Noche”, incluidas en el L’instant fatal (1946),  que anticipan  la combinatoria de las oulipianas Ulcérations (1974) de Georges Perec. Ya en un  viaje a Grecia en 1932, Queneau afianzará su concepción del “neofrancés” en un intento de aplicar la ductilidad y creatividad expresiva de la oralidad a las rígidas reglas de una gramática oxidada.

En 1947 se publican sus Ejercicios de estilo, que ratifican a la perfección esta búsqueda  de una poética matemática. Compuestas a la manera de variaciones musicales, las 99 descripciones de una anécdota banal en un autobús se relacionan a la manera de un concierto estilístico que permite agrupaciones gramaticales, retóricas, de género, entonación, de acuerdo a constricciones sensoriales, repetitivas, etc. El humor paródico –heredero de Rabelais y Alfred Jarry– estará muy presente, como en el resto de las obras de este Sátrapa de la Patafísica.

En 1961 se publica  Cent mille milliards de poèmes (Cien billones de poemas), un artefacto poético que permite componer tantos poemas como resulten de combinar cada verso de cada uno de  los 10 sonetos que lo forman con los correspondientes de los otros nueve. Queneau calculó que a una media de 45 segundos por soneto se emplearían 190.258.751 años en disfrutar todas las posibilidades que nos ofrece esta singular máquina lírica. Un poema casi infinito, un despliegue literario que nos solucionaría para siempre los problemas de lectura en una isla deshabitada.


Portada de Cien mil millones de poemas

Como homenaje a este singular experimento de Queneau y para conmemorar los 50 años de su publicación, la editorial Demipage en colaboración con un grupo de autores ligados a la escuela de escritura creativa Hotel Kafka editó  en el 2011 Cien mil millones de poemas, un libro-objeto de gran calidad literaria y artística.

El título sacrifica la exactitud semántica en aras a la analogía fonética con el original (milliard  equivale en francés a mil millones).  Para esta ocasión se reunieron los versos de un “elenco de ilustres sonetistas”, en el que Jordi Doce marca la pauta con la primera composición, a las que siguen las de Rafael Reig, Fernando Aramburu, Francisco Javier Irazoki, Santiago Auserón, Pilar Adón, Javier Azpeitia, Marta Agudo, Julieta Valero y Vicente Molina Foix. Se trata de versos alejandrinos divididos en dos hemistiquios de siete con rima coincidente, que  aparecen troquelados en tiras y cuya  selección puede realizarse con la ayuda de una plantilla que se añade al final del libro. El lector tiene además la posibilidad de incluirse en la nómina de poetas, pues catorce lengüetas –las correspondientes al último soneto– están en blanco, a la espera de su particular aportación. Y es que –tal como se recuerda en el prólogo– y siguiendo a Lautréamont, la poesía debe estar hecha por todos y no por uno solo.

Una sorprendente "machine à fabriquer des poèmes, mais en nombre limité", que tiene  por artefactos hermanos la poesía permutatoria de Cirlot o la máquina de trovar, el aristón generador de “coplas mecánicas” inventado por Jorge Meneses, personaje del apócrifo Juan de Mairena.

En resumen, un bello juguete en el que la poesía multiplicada por el azar creativo y la calidad editorial dan como resultado un producto a disfrutar casi hasta el infinito.


VV.AA,Cien mil millones de poemas. Homenaje a Raymond Queneau. Madrid: Demipage, 2011.

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